lunes, 15 de junio de 2009

Destino

Todas las mañanas a eso de las 6:30 de la mañana, un horario poco alentador para cualquier cosa, tomo el colectivo que me lleva hasta el trabajo. A esa hora la vida en la calle se separa entre quienes nos levantamos y quienes aún no se han acostado. Eso se refleja en las caras, la ropa y los olores. Yo divido ese mundo entre los que saludo, por ejemplo el portero de la esquina, por solidaridad y a los que miro con bronca e indiferencia.

Al colectivero es a otro de los que saludo con énfasis, como explicándole que estamos los dos en la misma: despiertos.

Pero ayer, más dormido que nunca por una resaca que me hacía supurar el hígado, no saludé a nadie. Subí al bondi en silencio, enfilé hacia la máquina y por primera vez vi un cartel que me despertó y me dejó helado: “Por favor indique su destino”. Pensé unos 10 segundos y me bajé. ¿Cuál sería mi destino?

No hay comentarios: